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Pinturas de grandes 'templos' musicales

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Convierte en ruinas desoladas los más legendarios locales ingleses de actuaciones de pop rock



  • El pintor Mackie, firma del escocés Andrew McIntosh, expone crepusculares pinturas de grandes 'templos' musicales que sugieren la incongruencia de la gloria.
  • En la serie 'Fuimos la Coca Cola', que presenta en Londres, coloca en cada local carpas publicitarias de discos míticos de U2, los Who, Nirvana, The Clash, Bowie...
  • Hiperrealista e interesado en la decadencia y el vacío, el artista construye narrativas paralelas y distópicas sobre la memoria emocional de la música.


Ecos visuales que parecen flotar en los caparazones ajados

Eras una mierda en los años ochenta

El rayo-glam que atravesaba la cara de David Bowie en 1973 aparece como una escultura solitaria que concede vitalidad en un día gris a un viejo palacete de música. El pintor escocés Andrew McIntosh (1979), que usa el alias artístico de Mackie, un hiperrealista interesado en los paisajes distópicos de un posible apocalipsis cercano, presenta en Londres una nueva serie de obras que juegan con la construcción de narrativas paralelas en torno a la memoria emocional de la música.

El cuerpo de trabajo 'We Were the Coca Cola' ('Fuimos la Coca Cola'), que resuena a eslogan publicitario pasado de caducidad, se compone de obras pintadas al óleo sobre tela donde aparecen las fachadas de algunos de los más legendarios locales de conciertos de pop rock del Reino Unido. En las visiones de Mackie todos están abandonados, tapiados y olvidados, entregados a la desolación y la turbiedad de una luz situada entre la nocturnidad y la suciedad de una atmósfera de alta contaminación.

'Las historias que los edificios ocultan'


McIntosh "imagina las historias que los edificios viejos tratan de ocultar", dicen desde la Galería James Freeman, que albergará la exposición entre el 13 de Octubre y el 5 de Noviembre. Para resumir las intenciones del artista, los organizadores optan por una frase con poder de eslogan: "la música, como la memoria, es efímera".

Templos históricos de la música en directo como el Hammersmith Palais —abandonado y derribado en 2007—, el Astoria —demolido en 2009— o el Marquee —que ha cambiado de ubicación y política— parecen en las visiones de Mackie reliquias misteriosas. Para iluminarlas, y a la vez concederles una última patética condición de soportes para la publicidad exterior, el pintor coloca en las construcciones grandes paneles, igualmente hiperrealistas, que proceden de la iconografía musical más reverenciada.

El reluciente reclamo de las portadas


En la marquesina del Astoria figura el inconfundible azul de las aguas de la piscina de Nevermind, el disco de Nirvana —sin el bebé—; en los ventanales del Hammersmith, la ilustración de portada de 'Give 'em Enough Rope', el segundo álbum de The Clash; en el Marquee, el monolito sobre el que los Who acaban de orinar en 'Who's Next'; en otro palco al aire libre para música de bandas, uno de los cactus de 'Joshua Tree', de U2... La lectura de los cuadros es siempre doble: el edificio abandonado y el reluciente reclamo de los envoltorios comerciales.

Mackie presenta los lugares con aspecto crepuscular, como si la gran lona publicitaria que brilla en la oscuridad "marcara el fin de los días" de los locales. Se trata de "ecos visuales" que parecen "flotar" dentro de los caparazones ajados de los edificios, concediendo un último brillo a un lugar erosionado. "A través de estas composiciones crípticas, el artista muestra cómo una imagen puede condensar las diferentes memorias emocionales que forman la experiencia de la música", añaden desde la galería.

Preguntar: '¿por qué?'


Para Mackie los cuadros son también una sugerencia sobre "la incongruencia de la gloria". El pintor afirma que se vive "en constante búsqueda de nuevas formas de comunicación con el espectador" e intentando crear "un nuevo lenguaje visual con el poder de despertar su atención y hacer que se detenga a preguntar: ¿por qué?".

La anterior serie del autor, 'You Were a Shit in the 80s' ('Eras una mierda en los años ochenta'), partía de una sonora y muy famosa frase despectiva escupida por el maestro Lucian Freud contra el no menos genial Francis Bacon, para mostrar paisajes etéreos dentro de los cuales Mackie reproducía obras emblemáticas contemporáneas sobre celos artísticos y rencillas personales entre pintores.
Fuente: 20 Minutos


Obra de Andrew McIntosh

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