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¿Qué fue del LaserDisc?

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¿Qué fue del fabuloso LaserDisc?


Somos unos nostálgicos empedernidos. Nos negamos a tirar un aparato que sigue funcionando, por más años que tenga. ¿Qué culpa tienen de haberse quedado obsoletos? Por eso las casas están llenas de cassettes y vídeos VHS, con películas y grupos musicales que ya no existen. Nos negamos a desprendernos de algo que es útil.

También guardamos discos de vinilo, disquettes de ordenador, minicintas de videocámara, una grabadora de cinta y por supuesto nuestro querido walkman.

En toda esta colección de mercadillo oldie sólo nos falta una adquisición: el LaserDisc.

Aún recuerdamos la primera vez que vimos uno, nos quedamos alucinados viendo ese disco plateado, del tamaño de un disco de vinilo pero muchísimo más molón, era como ver un objeto del futuro. Aún no habíamos visto ningún CD, pero se le parecía bastante, solo que era mucho más grande.

Era el no va más para ver una película, por lo visto tenía mucha mejor definición de imagen que el VHS y el vídeo Beta, aunque no podemos decirlo porque no tuvimos ese privilegio.

“Es el futuro”, se pensaba en aquella época.

Pocas veces un lanzamiento tecnológico fue tan catastrófico. Se comieron el LaserDisc con patatas, básicamente por dos razones: porque sólo era apto para ricos y porque no se podía grabar en él, cosa que, por entonces, los vídeos VHS sí hacían.

Por si fuera poco, a pesar de su enorme tamaño solo tenía capacidad para grabar como mucho 60 minutos de película por cada lado. Sí señores, porque había que darle la vuelta, como los discos de vinilo. Y aquello era tan divertido que si querías ver una peli de muchas horas además tenías que cambiar de disco y todo, con el consiguiente sableo al bolsillo.

Para evitar ese engorroso ir y venir del sillón, algunos modelos (supercaros) incluían un sistema que cambiaba el disco de cara de forma automática.

Lo bueno era que el lector láser podía ir a cualquier punto de la película en un momento, y te podías saltar el rebobinado y el tedioso botón del ‘ff’ (flashforward).

Entre esto y la carga de juegos en el Spectrum, cuánto tiempo perdido en nuestras vidas…

Esta capacidad de saltar de un lugar al otro del disco favoreció la aparición de algunos juegos ‘animados’ como el famoso "Dragon’s Lair", lo que hubiera dado por poderlo probar.

Otra de sus ventajas es que contenía dos pistas de sonidos, ideal para incorporar los comentarios del director, y al ser un formato óptico los discos no sufrían el desgaste ni el deterioro de sus rivales, las cintas de vídeo.

A pesar de su aspecto plateado y futurista, el LaserDisc en realidad era muy cutre: estaba formado por dos discos de aluminio pegados con pegamento, uno muy malo que hacía que los discos se corrompieran al cabo del tiempo. Y además eran analógicos. O sea, nada de digital: utilizaban modulaciones de frecuencia por anchura de pulsos que al pasar por el lector láser del reproductor se convertían en una onda portadora que se traducía en la imagen y el sonido.

Para que nos entendamos: era como la señal antigua de la televisión, esa de los tiempos arcaicos, antes de la TDT.

Investigando un poco hemos encontrado algunos datos sobre el origen de este invento gafe. Fue presentado oficialmente como ‘Discovisión’ en 1972, después de varias décadas de estudio. Y tuvo muchísimos nombres más, hasta que Pioneer compró el formato y lo comercializó como LaserDisc en la segunda mitad de los 80. Con sus consiguientes reproductores.

Los primeros LaserDisc salieron al mercado un 5 de Diciembre de 1978 en Atlanta (EE UU), cuando hacía ya dos años que el vídeo VHS circulaba por el mundo. Y con sólo cuatro años de ventaja respecto a su hermanito pequeño, el Disco Compacto, más conocido como CD. O sea, un comienzo poco halagüeño.

La primera película que los acaudalados americanos pudieron llevarse a casa por entonces en LaserDisc no fue "La Guerra de las Galaxias", que hubiera sido lo propio porque acababa de estrenarse, sino un título de Spielberg: "Tiburón".

En total se vendieron en todo el mundo 16,8 millones de reproductores de LaserDisc, que parece mucho pero suponía que solo el 2% de los hogares estadounidenses contaban con uno. El porcentaje fue mucho mayor en Japón (el 10%, con un total de 3,6 millones de reproductores vendidos), país donde el LaserDisc funcionó mejor, porque allí tuvieron la agudeza de ponerlos a la venta inicialmente tan baratos como los aparatos y los vídeos VHS.

Este formato causó furor entre los nipones y fue especialmente receptivo para el anime.

En Europa fue un estrepitoso fracaso.

La aparición del DVD en 1995, con un disco más pequeño y en calidad digital, firmó la sentencia de muerte del malogrado LaserDisc.

En el año 2000 se publicaron los últimos LaserDisc en Estados Unidos, con títulos como "Sleepy Hollow" y "Apocalipsis" en Los Ángeles. En Japón se resistieron a desaparecer un poco más, e incluso allí llegó a comercializarse "Star Wars: La amenaza fantasma".

Aún así Pioneer hizo una última y desesperada intentona por salvar su cuello y lanzó el Pioneer DVL-9, que leía tanto con LaserDisc como con DVD. Con el resultado que os podéis imaginar.

Debió haber hecho caso a Robert Zemeckis, que ya en 1989 anticipó el lugar que ocuparían los LaserDisc en el futuro: el cubo de la basura.
Fuente: 20 Minutos


LaserDisc

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